27sep

Homenaje a los cofundadores, pioneros sin nombre que revolucionaron la tecnología

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook; Jerry Yang, fundador de Yahoo!; David Karp, fundador de Tumblr… Todos ellos son multimillonarios con nombres y apellidos irremediablemente ligados a una idea genial, al nacimiento de una empresa que llegó en el momento justo y supo aprovechar su ventaja. Ellos se han llevado todo el mérito, pero ninguno hubiera podido hacerlo solo.

La red social más popular del planeta dio sus primeros pasos en una habitación de Harvard y jamás hubiera salido de allí sin el apoyo financiero de Eduardo Saverin, la pericia técnica de Dustin Moskovitz, el arte de Andrew McCollum y las habilidades sociales de Chris Hughes. Exactamente lo mismo hubiera sucedido con ‘La guía de Jerry y David para la World Wide Web’, un directorio de enlaces que acabó convirtiéndose en Yahoo! gracias a Jerry (Yang), pero también a David (Filo). Y qué decir de Tumblr, que contó en sus inicios con la habilidad de un desarrollador de la talla de Marco Ament, posteriormente padre de Instapaper.

Todos ellos forman parte de la interminable lista de confundadores que han sido maltratados por la prensa y olvidados por el público. Se merecen, como mínimo, un homenaje.

La película ‘La red social’ muestra los orígenes de Facebook. En la imagen, sus cuatro cofundadores (Foto: The Social Network)

La película ‘La red social’ muestra los orígenes de Facebook. En la imagen, sus cuatro cofundadores (Foto: The Social Network)

Tan efímero como los 140 caracteres

En 2006, el joven Noah Glass, cofundador de una empresa pionera en la distribución de podcast llamada Odeo, tomó parte en el nacimiento de una idea de lo más lucrativa. El lanzamiento de iTunes había hecho mucho daño a su negocio y tenían que cambiar de rumbo, así que su socio pidió a todo el equipo que se estrujara la cabeza en busca de algo nuevo.

Junto con sus amigos y compañeros Jack Dorsey y Florian Webber, Glass alumbró una red social a la que bautizaron como Twitter. A partir de ahí, la historia da muchas vueltas hasta llegar a nuestros días, manteniendo una constante: el nombre de Noah no aparece por ninguna parte. Evan Williams, su socio en Odeo, compró a los inversores su parte de la empresa (derechos sobre Twitter incluidos), pero no se quedó ahí. Poco después utilizó su recién adquirido poder para despedir a Glass, que pasó al olvido como tantos y tantos cofundadores del mundo de la tecnología.

Evan Williams, Noah Glass y Biz Stones (Foto: sem en Flickr)

Evan Williams, Noah Glass y Biz Stones (Foto: sem en Flickr)

La verdad es que es un auténtico drama. Si Glass no hubiera acabado en la calle, ahora podría ser tan rico como su excompañero Dorsey, que ocupa el puesto 1268 en la lista de multimillonarios de Forbes. No obstante, su fortuna tiene también algo que ver con el éxito de su empresa de pagos móviles, Square, que por cierto tiene su propio cofundador en la sombra. Para los interesados, se llama Jim McKelvey.

Ni te suena, pero le debes parte de tus conocimientos

Pocos saben que en el origen de la enciclopedia colaborativa y abierta más popular del mundo se encuentra una empresa que vivía del porno. Aún menos probable es que hayan oído hablar de Larry Sanger, el cofundador olvidado de Wikipedia. Todo comienza con su predecesora, Nupedia, un primer intento de reunir conocimientos académicos en un mismo lugar, de forma que cualquiera pudiera acceder a ellos cuando quisiera de forma sencilla y gratuita.

Nupedia, la antecesora de Wikipedia (Foto: Internet Archive)

Nupedia, la antecesora de Wikipedia (Foto: Internet Archive)

Al frente de Nupedia se encontraba Sanger, que había sido contratado por Jimmy Wales (¿a que él si te suena?) a través de la empresa Bomis Inc., una pujante ‘puntocom’ que vivía de la publicidad en su buscador y el contenido erótico. Pero las cosas no iban del todo bien para Nupedia, o al menos no tan rápido como hubiera gustado a Wales y a sus socios de Bomis. Los artículos estaban escritos por expertos y académicos y la producción era muy escasa.

La actriz porno Silvia Saint con una camiseta de Bomis (Foto: Wikimedia Commons)

La actriz porno Silvia Saint con una camiseta de Bomis (Foto: Wikimedia Commons)

Así que a Sanger se le ocurrió la idea de abrir un nuevo proyecto de enciclopedia en formato ‘wiki’. También fue él quien propuso Wikipedia como nombre para la plataforma, que nació en 2001 y enseguida comenzó a obtener repercusión. Su contenido, en este caso generado por los usuarios, crecía exponencialmente y Nupedia, mientras tanto, murió de abandono. Esto era algo que no convencía a Larry, partidario de un modelo intermedio en el que las entradas de Wikipedia fueran revisadas por expertos para aumentar su credibilidad, ya en entredicho por aquel entonces.

Y entonces explotó la burbuja de las ‘puntocom’, llevándose por delante a numerosas empresas tecnológicas y dejando a otras en los huesos. Este fue el caso de Bomis, que despidió a la mayoría de sus empleados, entre ellos a Sanger, que abandonó la Wikipedia el 1 de marzo de 2002. A partir de aquí, la historia ya la conocéis todos: nació una organización sin ánimo de lucro (Wikimedia, en cuyas fases iniciales Larry también estuvo involucrado) y el portal comenzó a financiarse a base de donaciones.

El modelo funcionó como un tiro y Wikipedia se convirtió en el éxito masivo que conocemos hoy en día. Pero Sanger se quedó por el camino. “Me entrevistaron tanto como a Jimmy Wales durante los primeros dos años. También fui mucho más prolífico escribiendo e impartí el primer discurso público sobre Wikipedia en una clase de informática en Standford”, recuerda Larry. Pero, aún así, su nombre no lo recuerda nadie y el propio Wales ha contribuido a borrarlo negando su condición de cofundador: al fin y al cabo, argumenta, no era más que un empleado al que le estaba pagando un sueldo.

Plantilla de Bomis en el año 2000 (Foto: Wikimedia Commons)

Plantilla de Bomis en el año 2000 (Foto: Wikimedia Commons)

Los grandes olvidados de los 90

Los hay que, más que olvidados, han sido claramente eclipsados por la enorme sombra de sus compañeros de fatigas. Dos casos sobradamente conocidos, más el primero que el segundo, son los de Paul Allen y Steve Wozniak, dos de las figuras más relevantes para el desarrollo técnico de los primeros ordenadores personales.

Sin embargo, han vivido siempre a la sombra de los más carismáticos y mediáticos Bill Gates y Steve Jobs, junto a los cuales fundaron respectivamente Microsoft y Apple. Tanto el uno como el otro se mantienen a día de hoy al margen de sus antiguas compañías, aunque la palma se la lleva el bueno de ‘Woz’, cuyas críticas sobre el devenir de la firma de la manzana mordida suelen levantar polvareda.

Pero si hay un auténtico olvidado en la historia de la tecnológica más valiosa del mundo, ese es Ronald Wayne, el tercer y relativamente desconocido fundador de Apple. El pobre ‘Ron’, cometiendo lo que muchos consideran el peor error que haya cometido nunca un hombre de negocios, vendió el 13 de abril de 1976 su 10% de la empresa por solo 800 dólares. Si hubiera tenido mejor ojo, a día de hoy podría tener un hueco en el top 5 de la lista de multimllonarios de Forbes.

Ronald Wayne, el fundador olvidado de Apple (Foto: hellogeri en Flickr)

Ronald Wayne, el fundador olvidado de Apple (Foto: hellogeri en Flickr)

Casos como los de Wayne, Twitter o Wikipedia son especialmente sangrantes, pero las razones de que uno de los fundadores pase desapercibido a menudo no son ni mucho menos tan dramáticas. A veces incluso lo deciden ellos mismos, porque no a todo el mundo le gusta ser el centro de atención. Empresas como LinkedIn, Instagram, Foursquare, eBay, Zynga o YouTube tienen sus propios cofundadores olvidados y nadie ha puesto nunca el grito en el cielo, pero el caso es que la tesis se cumple: donde hay una firma tecnológica de éxito, hay un impulsor que no recibe el reconocimiento merecido. Así de injusta es la vida.

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About David G. Ortiz

Editor de portada y redactor de Tecnología en lainformacion.com. Colaborador en Sesión de Control. Creador del documental ‘La radio ha muerto, ¡viva la radio!’. Antes pasé por los micrófonos de la Cadena SER y me curtí Tinta Digital, dirigiendo el podcast Circo Mediático. Estudié Periodismo y Com. Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

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