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La soledad de las páginas web

Hay una internet alegre, una aldea global en la que todos los días son días de fiesta: las canciones son gozosas, los vídeos divertidos, los negocios prósperos, las palabras optimistas y las fotos dan testimonio de unas vidas ininterrumpidamente felices.

Sería, por llamarla de algún modo, la Red de las bienaventuranzas, que ríe despreocupada mientras los estragos de trols, masas enfurecidas y otras voces discordantes tratan de malograr todo lo que hay de bueno en páginas web, redes sociales, foros y comunidades online.

Sin embargo, no somos conscientes, porque la despreocupación del internauta es infinita, del poso de insatisfacción y sueños rotos que va tomando forma por debajo de las tres uve dobles. Los vídeos de YouTube que nadie ha visto, las canciones de Spotify que jamás se han escuchado, los proyectos que no lograron recaudar un solo euro en Kickstarter…

Al margen del sistema, están ahí: son los grandes olvidados de internet y queremos rendirles homenaje. Páginas solitarias, ¡va por vosotras!

Mucho más que Gangnam Style

La nueva ola de pop surcoreano se ha llevado por delante los sueños de cientos de creadores. Personas que subieron sus modestos vídeos con ilusión, a menudo sin reparar en lo penosos que resultaban, para terminar aplastados por los cascos del caballo invisible de Psy.

PetitTube, Underviewed y 0Views son algunas de las webs que rinden homenaje a esos clips de YouTube que nadie ha visto. Escenas como esta de una niña practicando karate (sin cómico resultado)…

… o la que protagonizan estos gatitos, que a juzgar por su escaso éxito deben tener menos gracia que el Grumpy, el Nyan o el Piano Cat:

Ilusiones en pause

En Spotify también hay un rincón oculto donde las canciones siempre son baladas tristes. Según los últimos datos publicados por la compañía sueca, de los 20 millones de temas que el servicio de streaming recopilaba en octubre de 2013, un 20% no habían sido escuchados. Cuatro millones de pistas que sumaban cero reproducciones.

Con el corazón roto por tal revelación, un grupo de misericordiosos decidió montar Forgetify, la web que ofrece una segunda oportunidad a las canciones que jamás disfrutaron la primera. En nuestra visita a este paraje olvidado de la Red nos hemos topado con una exhuberante chica de Ipanema y con un elegante caballero que responde al nombre de Wes Homner. Radiante de alegría al vernos, entonó, por primera vez en Spotify, su Wayfaring Stranger:

Corazones partíos

Aquel famoso tema de Alejandro Sanz – que no habrá pasado sin pena ni gloria por Spotify y/o por YouTube – es perfecto para acompañar la historia de las fotos de Instagram que a nadie gustan, al menos a juzgar por ese contador con cero likes que con tanta pena exhiben. Un vacío corazón blanco y cero corazones que lo acompañen en su largo hollar por los senderos solitarios de la Red.

No likes yet es el refugio al que estas imágenes acuden en su desesperación, buscando su primer me gusta. No todas lo consiguen. Algunas permanecerán allí por los siglos de los siglos hasta que la inmensa memoria de internet se borre, o hasta que los responsables de la página se cansen de ofrecer segundas oportunidades a las fotos que la comunidad de Instagram condenó al ostracismo.

Algunas, no obstante, se lo tienen bien merecido:

#TheCrew #Family #Brothers #OldDays

Una foto publicada por Leigh (@leigh_butler93) el

Negocios ruinosos

En los últimos meses, el crowdfunding se ha puesto de lo más interesante: campañas de récord, proyectos de todo tipo (incluso absurdos) y la confirmación de que financiar proyectos de forma colectiva es una realidad presente más que una tendencia de futuro (también en España) son algunas de las cosas que han sucedido ante nuestros ojos, en la pantalla de un ordenador, a lo largo de 2014.

Kickstarter, la estrella del micromecenazgo, brilla con luz propia, pero no debemos olvidar que menos del 40% de los proyectos que pasan por sus páginas alcanzan su objetivo (requisito indispensable para recibir las donaciones) y que un 12% de proyectos no llegan a recibir un solo euro.

Para que estos últimos, los peor parados, tengan una segunda vida, nace uno de los máximos exponentes de la internet no tan alegre: Kickended, el desolador museo de los creadores sin mecenas. En sus vitrinas podemos encontrar todo tipo de ilusiones frustradas, desde documentales y películas que jamás verán la luz hasta videojuegos que se quedaron por el camino, pasando por negocios offline que se despeñaron antes de nacer como estos cursos de escalada para niños.

kickstarter

Tres tristes tuits

Enumerar las innumerables críticas que ha recibido Twitter es, valga la paradoja, una labor sencilla: los usuarios tuitean y retuitean compulsivamente noticias (sobre todo de última hora) sin percatarse de que no aportan nada nuevo; las marcas se comportan como el gracioso de la pandilla, a menudo con un tono que resulta forzado; la tiranía del trending topic hace que muchos posts interesantes queden sepultados bajo toneladas de mensajes repetitivos…

En la red social del pájaro azul no es todo de color de rosa. De hecho, cada vez es más complicado recibir algo de feedback sin tirar de demagogia (como gustan las trincheras ideológicas…) o convertirse en un personaje irónico 24/7 que solo puede ser fingido (nadie está afilando comentarios todo el día…) Y así acaban cobrando sentido proyectos tan descorazonadores como Sad Tweets.

Accede, sincroniza la aplicación con tu perfil de Twitter y descubre horrorizado que la gran mayoría de tus gorjeos pasan tristemente desapercibidos: cero favoritos, cero menciones, cero retuits.

sadtuit

Seguro que coincidió con un reality… En fin. Bienaventurados sean los tuits, vídeos, canciones, fotos y campañas olvidadas. ¡Larga vida a la internet solitaria!

Este post La soledad de las páginas web, escrito por David G. Ortiz, se publicó originalmente en Yorokobu.

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About David G. Ortiz

Editor de portada y redactor de Tecnología en lainformacion.com. Colaborador en Sesión de Control. Creador del documental ‘La radio ha muerto, ¡viva la radio!’. Antes pasé por los micrófonos de la Cadena SER y me curtí Tinta Digital, dirigiendo el podcast Circo Mediático. Estudié Periodismo y Com. Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

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